Hace unos años probablemente habría entendido el ocio como la recompensa por trabajar duro.
Primero el esfuerzo.
Después el descanso.
Primero la productividad.
Después el tiempo para uno mismo.
Sin embargo, cada vez me convence más una idea distinta.
Quizá el ocio no sea la consecuencia del trabajo.
Quizá sea una de las condiciones necesarias para poder trabajar bien.
La paradoja del descanso
Vivimos en una cultura bastante extraña respecto al descanso.
Sabemos que dormir es importante.
Sabemos que el estrés sostenido tiene consecuencias.
Sabemos que el agotamiento reduce la creatividad, la atención y la capacidad de tomar decisiones.
Y aun así seguimos tratando el ocio como si fuera un lujo o una concesión.
Como algo que ocurre únicamente si sobra tiempo.
Quizá por eso resulta tan interesante que la investigación reciente esté empezando a mirar el ocio no como ausencia de trabajo, sino como un recurso activo para la recuperación y el bienestar.
El concepto de leisure crafting
Existe un término relativamente nuevo dentro de la psicología organizacional:
Leisure crafting.
Podría traducirse como algo parecido a diseñar deliberadamente nuestro ocio.
La idea es sencilla.
No todas las actividades fuera del trabajo tienen el mismo efecto sobre nuestro bienestar.
Y no todo el tiempo libre nos ayuda necesariamente a recuperarnos.
La evidencia reciente sugiere que determinadas actividades de ocio pueden aumentar el engagement, reducir el agotamiento emocional y favorecer una mayor presencia en el trabajo.
No porque trabajemos más.
Sino porque llegamos mejor.
No todo el ocio recupera igual
La investigación identifica varios mecanismos especialmente relevantes.
Desconexión psicológica
La capacidad de dejar de pensar temporalmente en el trabajo.
No revisar correos.
No responder mensajes constantemente.
No mantener una conversación mental permanente sobre tareas pendientes.
La recuperación necesita espacios donde el trabajo deje de ocupar el centro de la atención.
Maestría y aprendizaje
Curiosamente, algunas actividades que requieren esfuerzo también resultan recuperadoras.
Aprender un idioma.
Tocar un instrumento.
Cocinar.
Practicar deporte.
La sensación de progreso y competencia en ámbitos distintos al trabajo parece tener efectos positivos sobre el bienestar.
Autonomía
Elegir libremente qué hacemos y cómo empleamos nuestro tiempo también importa.
No es lo mismo cumplir una obligación que participar voluntariamente en una actividad significativa para nosotros.
Conexión social
Las relaciones personales siguen apareciendo de forma recurrente como uno de los principales factores protectores frente al estrés y el agotamiento.
La presencia laboral empieza antes de entrar a trabajar
Hay una idea de toda esta literatura que me parece especialmente interesante.
La presencia laboral no empieza cuando una persona se sienta delante del ordenador o entra por la puerta de la oficina.
Empieza mucho antes.
Empieza la noche anterior.
Empieza durante el fin de semana.
Empieza en la capacidad de desconectar.
En la calidad del descanso.
En las relaciones personales.
En el tiempo disponible para recuperarse.
Quizá por eso dos personas con el mismo puesto y las mismas condiciones laborales pueden experimentar niveles completamente distintos de agotamiento o compromiso.
Porque el trabajo nunca ocurre aislado del resto de la vida.
El ocio no sustituye a las buenas organizaciones
Hay algo importante que conviene aclarar.
La investigación también es bastante clara en esto:
El ocio no puede compensar organizaciones disfuncionales.
No existe suficiente mindfulness para arreglar cargas de trabajo imposibles.
No existe suficiente deporte para solucionar culturas laborales tóxicas.
No existe suficiente ocio para compensar la falta de autonomía o el exceso de horas.
Las organizaciones siguen teniendo una enorme responsabilidad sobre las condiciones de trabajo que generan.
El ocio ayuda.
Pero no sustituye a la prevención ni a la buena gestión organizacional.
Quizá cuidar también sea esto
Hay una frase que llevo tiempo repitiendo:
Cuidar también es estrategia.
Y quizá una parte importante de ese cuidado consista precisamente en dejar de pensar que las personas son productivas a pesar de descansar.
Tal vez sean productivas gracias a ello.
Porque las personas no llegan cada mañana al trabajo como una hoja en blanco.
Llegan con el resultado acumulado de cómo están viviendo fuera de él.
Y cuanto más sabemos sobre bienestar, más evidente parece una idea bastante sencilla:
La recuperación no es lo contrario del trabajo.
Es parte del trabajo sostenible.
Una pregunta para terminar
Si el ocio influye en el bienestar, la creatividad, el engagement y la presencia laboral…
¿seguimos pudiendo considerarlo algo secundario?
Quizá haya llegado el momento de empezar a tratarlo como una inversión y no como un premio.
Con cuidado y con estrategia,
Psicóloga | Comunicación en Sostenibilidad Social & ESG
