Esta Semana Santa he vuelto al pueblo.
Como cada año, para ver a mi familia, parar un poco y cambiar de ritmo.
Pero esta vez había algo distinto.
He vuelto también con una intención clara:
mirar el territorio desde otro lugar.
Del análisis al territorio
Actualmente estoy trabajando en mi Trabajo de Fin de Máster sobre transición justa y resiliencia de territorios rurales, centrado en España y México.
En el marco teórico, aparecen conceptos que ya conocemos:
- despoblación
- falta de diversificación económica
- migración juvenil
- brechas de género
- pérdida de capital social
- brecha digital
- presión sobre los recursos naturales
El análisis PESTEL ayuda a ordenar todo esto. A entender los factores políticos, económicos, sociales, tecnológicos, ecológicos y legales que atraviesan los territorios rurales.
Pero hay algo que el análisis no puede hacer por sí solo:
explicar cómo se vive todo esto en el día a día.
Cambiar la pregunta
Por eso, estos días decidí empezar por algo muy sencillo:
preguntar.
No desde lo técnico, sino desde lo cotidiano.
Preguntas como:
- ¿Cómo es un día normal aquí?
- ¿Qué dificultades encuentras en tu día a día?
- ¿A quién acudes cuando necesitas ayuda?
- ¿Qué crees que falta en el pueblo?
- ¿Qué cosas sientes que se están desaprovechando?
- ¿Cómo te gustaría que fuera el pueblo en 10 años?
Puede parecer básico.
Pero no lo es.
Porque este tipo de preguntas permite entender algo que no aparece en los indicadores:
cómo se organiza la vida en el territorio.
Cuando la teoría se vuelve concreta
Las respuestas no solo aportan información.
Aterrizan la teoría.
Lo que en el análisis aparecía como “falta de diversificación económica” se traduce en:
- negocios que están a punto de cerrar por falta de relevo generacional
- dependencia de otros municipios para servicios básicos
- consumo fuera del pueblo, incluso cuando eso debilita la economía local
La “pérdida de capital social” se traduce en:
- desaparición de espacios informales de encuentro
- ocio limitado
- menos interacción intergeneracional
Y la “escasez de oportunidades” se traduce en algo muy concreto:
jóvenes que no encuentran motivos para quedarse.
Una base que sí existe
Sin embargo, no todo es pérdida.
Hay algo que me parece especialmente relevante:
existe una base real de comunidad y de participación
Cuando las decisiones afectan directamente al pueblo, aparecen espacios de diálogo, consulta y corresponsabilidad.
Esto es importante.
Porque significa que no partimos de cero.
No se trata de “llevar” participación al territorio.
Se trata de reconocerla, fortalecerla y canalizarla.
El reto de la nostalgia
Una de las respuestas que más se repitió cuando pregunté por el futuro fue esta:
👉 “que el pueblo sea como antes”
Es una respuesta profundamente humana.
Habla de vínculo, de memoria, de identidad.
Pero también plantea un reto importante.
La transición justa no puede consistir en volver atrás.
Tiene que ver con algo más complejo:
evolucionar sin perder lo que hace que el territorio tenga sentido para quienes lo habitan.
Gobernanza participativa: más que una metodología
Todo esto conecta con una idea central en mi TFM:
la gobernanza participativa.
No como una herramienta puntual,
sino como una forma de diseñar procesos.
Esto implica algo muy sencillo, pero a la vez exigente:
no diseñar para el territorio, sino con el territorio.
Y eso requiere tiempo.
Requiere escuchar.
Requiere incomodarse.
Requiere cuestionar las propias ideas.
Un primer paso (intencionadamente pequeño)
La muestra de estas conversaciones ha sido reducida.
De forma consciente.
Por un lado, porque quería respetar los tiempos de descanso y disfrute de estos días.
Por otro, porque el objetivo no era obtener conclusiones cerradas, sino construir un primer marco.
Un punto de partida.
Lo que viene ahora
Los siguientes pasos son claros:
- volver al territorio
- ampliar la muestra
- incluir más perfiles (también institucionales)
- y empezar a traducir todo esto en propuestas concretas
Pero con una premisa que cada vez tengo más clara:
no hay proyecto viable si no se entiende primero cómo viven las personas que lo habitan
Cuidar también es estrategia (también en el territorio)
Si algo me está enseñando este proceso es que la sostenibilidad no empieza en los planes.
Empieza en las preguntas.
En cómo miramos.
En cómo escuchamos.
En si somos capaces de tomar en serio lo que ya existe.
Cuidar también es estrategia cuando dejamos de diseñar desde fuera y empezamos a construir desde dentro.
Con cuidado y con estrategia,
Psicóloga | Comunicación en Sostenibilidad Social & ESG
