Durante años, muchos proyectos territoriales se han formulado con buenas intenciones, presupuestos razonables y marcos estratégicos impecables.
Y, aun así, no han generado transformación real.
No porque falten recursos.
No porque falte conocimiento técnico.
Sino porque, con demasiada frecuencia, se diseñan desde fuera.
En este artículo quiero compartir cómo concibo yo el diseño de proyectos de sostenibilidad territorial, con una idea clara de fondo:
👉 lo social no puede ser un efecto secundario.
Debe estar en el centro del mapa estratégico desde el minuto uno.
Este enfoque no es exclusivo de un territorio concreto.
Es replicable, adaptable y pensado para contextos rurales, urbanos o intermedios.
El problema de fondo: proyectos bien hechos que no arraigan
Cuando analizo proyectos que no han funcionado, suele repetirse el mismo patrón:
- Diagnósticos centrados en carencias, no en capacidades
- Acciones diseñadas antes de escuchar
- Participación simbólica
- Indicadores que miden actividad, pero no transformación
- Impacto social entendido como “resultado colateral”
El resultado: proyectos técnicamente correctos, pero desconectados de la vida real del territorio.
Un cambio de mirada: el territorio como sistema vivo
Para mí, un territorio no es:
- un espacio vacío que hay que activar
- un problema que resolver
- un contenedor de subvenciones
Un territorio es un sistema vivo, compuesto por:
- personas (con historias, límites y saberes)
- relaciones (formales e informales)
- cultura e identidad
- biodiversidad y paisaje
- economía cotidiana
- formas de gobernanza explícitas… y ocultas
Diseñar sostenibilidad implica ordenar ese sistema, no imponer soluciones.
Mi hoja de ruta para diseñar proyectos territoriales sostenibles
1. Escucha profunda antes de cualquier propuesta
El primer paso no es el diagnóstico técnico, sino la escucha.
Escuchar implica:
- hablar con personas diversas, no solo con cargos visibles
- entender qué funciona y qué no desde dentro
- detectar tensiones, silencios, resistencias
- comprender ritmos, miedos y aspiraciones
Aquí se construye algo clave: confianza.
Sin ella, ningún proyecto se sostiene.
2. Mapeo de activos: empezar por lo que ya existe
Muchos territorios están cansados de que se les diga lo que les falta.
Por eso, mi segundo paso es mapear activos:
- personas clave y liderazgos informales
- tejido asociativo
- patrimonio cultural y simbólico
- biodiversidad y paisaje
- actividades económicas reales (no las idealizadas)
Este mapeo permite diseñar proyectos que activan lo existente, en lugar de depender siempre de recursos externos.
3. Marco ESG integrado desde el origen
Uno de los errores más comunes es trabajar el ESG por capas o por fases.
Mi enfoque es integrarlo desde el inicio:
- Ambiental: regeneración, adaptación, biodiversidad
- Social: cohesión, cuidados, acceso, equidad
- Económico: empleo, medios de vida, viabilidad
- Gobernanza: participación, toma de decisiones, transparencia
👉 Aquí es donde marco una línea clara:
lo social no viene después.
Forma parte del diseño estratégico.
4. Co-creación real con el territorio
La participación no puede ser una validación final.
Trabajo desde la co-creación, lo que implica:
- sentarse a la mesa con los distintos actores
- traducir lenguaje técnico a lenguaje cotidiano
- construir propuestas asumibles
- aceptar que no todo será rápido ni perfecto
Este proceso genera algo fundamental:
corresponsabilidad.
Cuando las personas participan en el diseño, el proyecto deja de ser “de fuera”.
5. Acciones con impacto directo en personas
Cada acción debe responder a preguntas muy concretas:
- ¿a quién cuida esta acción?
- ¿qué necesidad real aborda?
- ¿qué capacidades deja instaladas?
- ¿puede sostenerse en el tiempo?
No me interesan las acciones que solo funcionan mientras dura la financiación.
Me interesan las que mejoran la vida cotidiana.
6. Medir lo que importa (no solo lo fácil)
Sí, medir es importante.
Pero no todo cabe en un KPI clásico.
Además de outputs, evalúo:
- acceso a recursos
- participación real
- bienestar
- vínculos creados
- autonomía del territorio
Porque lo que no se mide, a veces, es justo lo que más transforma.
7. Replicabilidad sin perder identidad
Este método es replicable.
Las soluciones, no.
Cada territorio necesita:
- su propio ritmo
- su propia narrativa
- su propia manera de cuidarse
La sostenibilidad no es copiar modelos,
es adaptar principios a contextos vivos.
Para cerrar
Diseñar proyectos territoriales sostenibles no va de cumplir marcos.
Va de crear sistemas donde las personas importan de verdad.
Este enfoque requiere más tiempo, más escucha y más humildad.
Pero también es el único que conozco capaz de generar transformación real.
Si queremos territorios vivos,
necesitamos proyectos que nazcan desde la vida, no desde el despacho.
Con cuidado y con estrategia,
Psicóloga | Comunicación en Sostenibilidad Social & ESG
