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3 claves para rediseñar la productividad y crear formas de trabajo sostenibles.

Durante años, hablar de productividad en las organizaciones ha sido sinónimo de “hacer más en menos tiempo”. Sin embargo, hoy sabemos que ese modelo ha alcanzado su límite: ritmos acelerados, urgencia constante, multitarea crónica y un nivel de desgaste que termina erosionando no solo la salud de las personas, sino también la calidad del trabajo.
La sostenibilidad social —la dimensión más olvidada del ESG— nos recuerda algo fundamental: no existen organizaciones sostenibles si los ritmos laborales no son compatibles con la vida.
Y eso exige repensar cómo trabajamos, cómo nos organizamos y cómo regulamos nuestro tiempo.
En esta entrada te comparto tres claves para avanzar hacia nuevas formas de trabajo sostenible, integrando evidencia, ejemplos y prácticas aplicables desde hoy.
1. Slow productivity: trabajar mejor, no más.
El término slow productivity no implica trabajar menos ni renunciar a los objetivos.
Implica diseñar condiciones donde el trabajo pueda realizarse con foco, claridad y el ritmo adecuado para sostenerlo en el tiempo.
La “urgencia crónica”, tan normalizada en muchas empresas, no es un indicador de compromiso.
Es un indicador de desregulación colectiva.
Cuando una organización funciona en estado de alerta permanente, aparecen patrones que ya consideramos parte inherente del trabajo, pero que no lo son:
- Tareas urgentes que no lo eran hace 24 horas.
- Reuniones diseñadas para apagar fuegos, no para tomar decisiones.
- Fatiga cognitiva que deriva en errores evitables.
- Dificultad para priorizar lo importante frente a lo inmediato.
En cambio, la slow productivity plantea una idea sencilla pero transformadora:
solo se produce bien desde un sistema nervioso regulado.
Los estudios sobre rendimiento cognitivo son claros:
La calidad del trabajo aumenta cuando reducimos el ruido, no cuando aumentamos la presión.
Un ritmo más humano favorece:
- una mejor memoria de trabajo
- menos errores por saturación
- más capacidad estratégica
- mayor creatividad
- decisiones más coherentes
La eficiencia real no nace de hacer más, sino de poder pensar mejor.
2. Ejemplos de empresas que ya están rediseñando el trabajo.
Las nuevas formas de trabajo sostenible no son teoría.
Ya hay organizaciones aplicándolas con impacto real.
1. Buffer – semanas de trabajo “calmadas”.
Implementaron semanas estructuradas sin reuniones salvo las imprescindibles.
El resultado: más foco, menos agotamiento y mejor calidad en la entrega.
2. Microsoft Japón – 4 días, misma productividad.
La prueba piloto redujo horas, pero aumentó la productividad un 40 %.
No por magia: por claridad, energía y mejor organización del tiempo.
3. Dropbox – “Virtual First”.
La empresa reorganizó toda su estructura para garantizar bloques de trabajo profundo y reuniones solo cuando son necesarias.
Redujeron el “ruido” para dejar espacio a la concentración.
4. Empresas nórdicas – “tiempo sin interrupciones”.
Grandes compañías en Suecia y Dinamarca integran políticas de focus time obligatorio:
dos horas sin correos ni mensajes.
La concentración es un recurso estratégico.
Estos ejemplos confirman algo que la neurociencia y la gestión ya venían indicando:
📌 Un equipo con margen, presencia y energía rinde más que un equipo acelerado.
3. Microcambios para aplicar en tu propio entorno.
La sostenibilidad laboral no empieza con grandes transformaciones, sino con microdecisiones que cambian la calidad del día a día.
Aquí tienes un conjunto de prácticas aplicables tanto si lideras un equipo como si trabajas en solo en tu departamento:
🕊️ 1. Reuniones de 45 minutos + 5 minutos de pausa real.
El descanso no es “tiempo perdido”, es regulación.
Sin pausa, el sistema nervioso acumula tensión y pierde claridad.
⏳ 2. Bloques sin interrupciones.
Reserva ventanas de 60–90 minutos para trabajar sin notificaciones.
Un solo bloque profundo puede equivaler a 3 horas de trabajo fragmentado.
📌 3. Priorizar en función de energía, no solo de urgencia.
Hay tareas que requieren más presencia cognitiva y emocional.
Hacerlas en tus mejores horas evita cansancio innecesario.
🤝 4. Acordar “ritmos compartidos” con tu equipo.
La productividad colectiva mejora cuando hay un entendimiento común sobre:
- cuándo sí y cuándo no interrumpir
- qué es realmente urgente
- qué tiempos necesita cada tarea
La regulación del equipo se vuelve más estable.
🧠 5. Desnormalizar el “siempre disponible”.
La disponibilidad continua es un hábito cultural, no una necesidad real.
Poner límites es una forma avanzada de sostenibilidad personal y profesional.
🌬️ 6. Revisar tu agenda desde el cuidado.
Una pregunta sencilla para cada bloque de tiempo:
“¿Qué sostengo yo aquí y qué me sostiene a mí?”
Si la respuesta es que solo sostienes y nunca te sostiene… ahí hay un desequilibrio.
Del ritmo individual al ritmo organizacional.
Hablar de ritmos humanos no es “soft”, es estratégico.
El estrés sostenido afecta:
- la calidad del pensamiento,
- la creatividad,
- la toma de decisiones,
- la empatía,
- la capacidad para sostener conflicto,
- la retención de talento.
Un equipo regulado produce mejor, no solo se siente mejor.
Sostenibilidad social significa integrar prácticas que permitan trabajar sin comprometer la salud, el cuerpo ni la energía de quienes hacen posible la organización.
Las nuevas formas de trabajo que sostienen la vida parten de una premisa simple:
No necesitamos trabajar más; necesitamos trabajar distinto.
Con más pausa, más presencia y menos ruido.
Porque cuidar los ritmos es cuidar a las personas.
Y cuidar a las personas es cuidar la estrategia.
Con cuidado y con estrategia,
🌀 Cuidar también es estrategia
🎓 Psicóloga | Comunicación en Sostenibilidad & ESG