La sostenibilidad social no es bienestar: es gestión del riesgo humano.

Durante años, la sostenibilidad social se ha abordado en las organizaciones como un complemento amable: bienestar, clima laboral, beneficios emocionales, iniciativas “para cuidar”.

El problema no es cuidar.

El problema es quedarse ahí.

Porque cuando la sostenibilidad social se reduce al bienestar individual, se pierde lo esencial: su dimensión estratégica.

Hoy quiero plantear algo claro, aunque incómodo:

La sostenibilidad social no va de hacer sentir mejor a las personas.

Va de evitar que los sistemas las rompan.

Y eso, en términos organizativos, se llama gestión del riesgo humano.


Cuando lo social se trata como un “extra”

En muchas organizaciones, lo social aparece cuando algo ya está fallando:

  • rotación elevada,
  • absentismo persistente,
  • conflictos enquistados,
  • desgaste emocional normalizado,
  • decisiones pobres tomadas bajo presión constante.

Entonces se activan respuestas conocidas:

programas de bienestar, charlas motivacionales, talleres de gestión emocional, acciones puntuales para “cuidar”.

No son inútiles.

Pero llegan tarde.

Porque el foco sigue estando en la persona, no en el sistema que la desgasta.


El riesgo humano existe (aunque no esté en el mapa)

En cualquier estrategia empresarial se analizan riesgos:

  • financieros,
  • legales,
  • operativos,
  • reputacionales.

Sin embargo, el riesgo humano suele quedar fuera del mapa estratégico, como si no fuera medible o relevante.

Y lo es.

Se manifiesta en forma de:

  • pérdida de talento clave,
  • caída de la calidad en la toma de decisiones,
  • conflictos que erosionan equipos enteros,
  • culturas de “aguantar” que normalizan el agotamiento,
  • daño reputacional cuando el discurso no coincide con la realidad interna.

Nada de esto es blando.

Todo tiene impacto directo en resultados, continuidad y competitividad.


Dejar de romantizar el bienestar

Uno de los mayores errores culturales actuales, como mencionaba la semana pasada, es romantizar ciertos mensajes:

  • “Si quieres rendir, muévete todos los días.”
  • “Si quieres crecer, trabaja más duro.”
  • “Si quieres ser creativo, aprovecha cada minuto.”
  • “Descansar ya vendrá.”

Estos mensajes se presentan como consejos inspiradores, pero esconden una lógica peligrosa:

la idea de que el cuerpo y la mente son recursos infinitos.

No lo son.

Una estrategia sostenible no exige resiliencia infinita a las personas.

Diseña sistemas que no dependan del sacrificio constante.


¿Qué implica abordar la sostenibilidad social como estrategia?

Cambiar la mirada implica pasar de la intervención puntual al diseño estructural.

Algunas preguntas clave:

  • ¿Qué dinámicas generan desgaste de forma sistemática?
  • ¿Qué decisiones se toman desde la urgencia y no desde la claridad?
  • ¿Dónde se confunde compromiso con aguante?
  • ¿Qué costes humanos estamos asumiendo como “normales”?

La sostenibilidad social empieza cuando estas preguntas entran en la mesa estratégica, no cuando aparecen en un taller de bienestar.


Cuidar no es contener, es rediseñar

Cuidar no es pedir a las personas que gestionen mejor lo que el sistema produce.

Cuidar es:

  • revisar ritmos,
  • revisar expectativas,
  • revisar incentivos,
  • revisar liderazgos,
  • revisar qué se premia y qué se normaliza.

Es entender que lo social no es una consecuencia indirecta, sino una dimensión que se puede —y se debe— diseñar.


Conclusión: sostenibilidad social sin ingenuidad

Hablar de sostenibilidad social no es ser naïf.

Es ser profundamente realista.

Porque ninguna organización es sostenible si depende de personas agotadas, en alerta constante o sosteniendo más de lo que pueden.

Cuidar también es estrategia cuando entendemos que el desgaste humano no es un daño colateral, sino un riesgo sistémico.


Con cuidado y con estrategia,

Nerea Liarte

Cuidar también es estrategia

Psicóloga | Comunicación en Sostenibilidad Social & ESG