Si buscas “estrés” en internet probablemente encontrarás titulares parecidos a estos:
- Cómo eliminar el estrés.
- Técnicas para reducir el estrés.
- Los peligros del estrés.
- Por qué el estrés está destruyendo nuestra salud.
Y aunque muchas de estas afirmaciones contienen parte de verdad, también simplifican demasiado algo bastante más complejo.
Porque desde la psicología sabemos algo importante:
el estrés no es necesariamente malo.
De hecho, sin estrés probablemente no estaríamos aquí.
El estrés como sistema de supervivencia
El estrés es, en esencia, un mecanismo de adaptación.
Nuestro cerebro detecta una demanda, una amenaza o un desafío y pone en marcha una serie de respuestas fisiológicas y psicológicas para ayudarnos a afrontarlo.
Aumenta la atención.
Moviliza energía.
Mejora la capacidad de reacción.
Prioriza recursos.
Es un sistema extraordinariamente eficiente.
Durante miles de años nos ayudó a sobrevivir frente a depredadores, hambrunas o peligros físicos.
Hoy sigue haciendo exactamente lo mismo.
Solo que ahora las amenazas suelen tener otra forma:
- una entrega importante,
- una entrevista de trabajo,
- una mudanza,
- un examen,
- un nuevo proyecto,
- un cambio profesional.
El estrés, en estos casos, puede ser perfectamente funcional.
Incluso beneficioso.
Existe algo llamado eustrés
La literatura científica diferencia entre distintos tipos de estrés.
Uno de ellos es el llamado eustrés o estrés positivo.
Es ese tipo de activación que aparece cuando afrontamos algo exigente, pero sentimos que contamos con recursos suficientes para responder.
Preparar una conferencia.
Empezar un trabajo nuevo.
Defender un TFM.
Aprender una habilidad compleja.
Lanzar un proyecto propio.
No son situaciones cómodas.
Pero tampoco necesariamente dañinas.
De hecho, muchas veces son precisamente las experiencias que asociamos con crecimiento personal o profesional.
Entonces, ¿qué es el distrés?
El problema aparece cuando las demandas superan de forma sostenida nuestra capacidad para responder.
Es ahí donde aparece el distrés.
La diferencia puede parecer sutil, pero es enorme.
Mientras el estrés busca ayudarnos a adaptarnos, el distrés empieza a erosionar precisamente esa capacidad de adaptación.
Aparecen entonces:
- agotamiento,
- irritabilidad,
- dificultades para concentrarse,
- problemas de sueño,
- sensación constante de no llegar,
- síntomas ansiosos o depresivos.
La investigación relaciona especialmente el distrés psicológico con peores resultados tanto físicos como mentales.
No es casualidad que aparezca asociado a mayor riesgo cardiovascular, peor recuperación física o mayores dificultades emocionales.
La diferencia no siempre está en el desafío
Y aquí aparece una de las ideas más interesantes.
Muchas veces no es el acontecimiento lo que determina si experimentamos estrés o distrés.
Dos personas pueden vivir situaciones similares y reaccionar de forma completamente distinta.
La diferencia suele encontrarse en otros factores:
- percepción de control,
- apoyo social,
- recursos disponibles,
- capacidad de recuperación,
- flexibilidad psicológica,
- experiencia previa.
En otras palabras:
el problema no siempre es la carga.
A veces es la ausencia de recursos para sostenerla.
¿Qué significa esto para las organizaciones?
Creo que esta distinción es especialmente relevante en el ámbito laboral.
Durante años muchas organizaciones han asumido que cualquier nivel elevado de exigencia era inevitable o incluso deseable.
Sin embargo, la evidencia empieza a señalar algo distinto.
Los desafíos pueden resultar estimulantes cuando las personas disponen de:
- autonomía,
- apoyo,
- recursos suficientes,
- tiempo de recuperación,
- sensación de propósito.
Pero cuando la exigencia permanece y los recursos desaparecen, el sistema deja de impulsar rendimiento y empieza a generar desgaste.
Por eso las conversaciones sobre bienestar laboral no deberían centrarse únicamente en reducir el estrés.
Quizá la pregunta correcta sea otra:
¿Estamos proporcionando suficientes recursos para que las personas puedan afrontar los desafíos que les pedimos asumir?
La sostenibilidad también es esto
A veces hablamos de sostenibilidad pensando únicamente en emisiones, energía o economía circular.
Pero la sostenibilidad también tiene una dimensión profundamente humana.
Los sistemas sostenibles son aquellos capaces de mantenerse en el tiempo sin agotar los recursos de los que dependen.
Y las organizaciones no son una excepción.
Porque las personas también somos recursos limitados.
Necesitamos recuperación.
Necesitamos apoyo.
Necesitamos descanso.
Necesitamos sentir que podemos responder a lo que se nos pide.
Quizá por eso cada vez me gusta menos hablar de eliminar el estrés.
Y cada vez me interesa más otra pregunta:
¿Qué condiciones necesitamos crear para que los desafíos sigan siendo retos y no se conviertan en desgaste?
Tal vez ahí empiece una parte importante de la sostenibilidad social.
Y quizá, también, una parte importante del cuidado.
Con cuidado y con estrategia,
Psicóloga | Comunicación en Sostenibilidad Social & ESG
