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6 nuevos indicadores para medir la sostenibilidad social en 2025.

Durante años, la sostenibilidad se ha medido principalmente con cifras tangibles: toneladas de CO₂, litros de agua, consumo energético o porcentaje de materiales reciclados.
Pero la sostenibilidad —la real, la que transforma— no se limita a los recursos. También se construye en la forma en que trabajamos, lideramos y nos relacionamos.
Hoy las organizaciones se enfrentan a un nuevo reto: cómo medir lo que no siempre se ve, pero sí se siente.
Cómo evaluar la salud emocional de un equipo, la coherencia entre los valores corporativos y las prácticas reales, o la capacidad de una cultura para sostenerse sin agotar a las personas que la hacen posible.
Hace unos días leí un post de Pilar Silva que me pareció especialmente inspirador.
En él, compartía los nuevos indicadores de sostenibilidad que están marcando tendencia en 2025: huella de biodiversidad, impacto social neto, circularidad de materiales, huella digital sostenible y bienestar organizacional.
Y pensé: qué importante es ampliar también esta mirada hacia lo humano, hacia lo invisible que sostiene la cultura de las empresas.
Porque la sostenibilidad ambiental necesita su reflejo interno: la sostenibilidad social y emocional.
Por eso hoy quiero compartir seis indicadores complementarios que, desde mi experiencia, marcarán la diferencia en los próximos años.
1️⃣ Nivel de regulación emocional en equipos.
Tradicionalmente se ha hablado de “clima laboral”, pero pocas empresas miden cómo se regula ese clima tras el estrés o el conflicto.
En términos simples: ¿qué tan rápido y con qué calidad recupera el equilibrio un equipo después de una situación difícil?
Las organizaciones, igual que los organismos, atraviesan momentos de tensión.
Una cultura saludable no es aquella que nunca se desregula, sino aquella que sabe volver a la calma sin romperse.
Este indicador permite detectar si los equipos cuentan con herramientas de autorregulación, comunicación empática y liderazgo consciente.
Y, sobre todo, si la organización entiende que la productividad no depende de la presión, sino de la capacidad de sostener la energía sin agotarla.
2️⃣ Cultura del cuidado y seguridad psicológica.
Cada vez más empresas incluyen la palabra “cuidado” en sus valores.
Pero pocas la traducen en prácticas cotidianas.
La seguridad psicológica no se logra con una política o un taller: se construye día a día, en la manera en que se da feedback, se gestionan los errores y se sostienen las emociones difíciles.
Una organización trauma-informed —informada por el trauma— reconoce los efectos que las experiencias de estrés crónico, jerarquías rígidas o falta de reconocimiento tienen sobre las personas.
Y trabaja para crear entornos donde los equipos puedan sentirse seguros, valorados y regulados.
3️⃣ Tiempo de recuperación real.
Las métricas tradicionales de rendimiento rara vez consideran el descanso.
Pero el bienestar no se mide solo en horas trabajadas, sino también en tiempo de recuperación.
¿Cuánto tarda un equipo en volver a su nivel de energía tras un proyecto exigente, una crisis interna o un cambio organizacional?
Este indicador propone observar la regeneración como parte de la estrategia.
Porque el descanso no es una recompensa, sino una necesidad estructural de cualquier sistema sostenible.
4️⃣ Coherencia entre valores y prácticas.
Este debería ser el nuevo KPI de las organizaciones con propósito: la coherencia.
No basta con comunicar un compromiso con la sostenibilidad si dentro se normalizan la prisa, el cansancio o el silencio emocional.
La sostenibilidad empieza en casa: en cómo tratamos a quienes forman parte del proyecto.
Medir la coherencia implica revisar procesos, estilos de liderazgo, lenguaje interno y hasta microgestos del día a día.
Cuando lo que se comunica hacia fuera está alineado con lo que se vive dentro, surge algo más poderoso que la reputación: la confianza.
5️⃣ Impacto vincular.
Los vínculos son el tejido invisible de toda organización.
Miden la calidad del vínculo que conecta a las personas: confianza, colaboración, empatía y presencia mutua.
Un indicador de impacto vincular permite evaluar cómo las decisiones empresariales afectan a las relaciones —no solo a los resultados.
En un entorno interdependiente, cuidar los vínculos es cuidar la sostenibilidad.
Porque sin relación, no hay regeneración.
6️⃣ Energía organizacional.
Podemos medir la energía eléctrica o el consumo de recursos, sí.
Pero pocas veces nos preguntamos por la energía humana.
¿Cómo está la vitalidad de los equipos?
¿Hay entusiasmo, creatividad, propósito compartido?
¿O más bien agotamiento, desconexión y ruido interno?
Este indicador se centra en la calidad del flujo vital dentro de una organización: cómo circula la energía entre personas, procesos y proyectos.
Una cultura sostenible es, al final, una cultura energéticamente coherente.
Medir distinto, también es liderar distinto.
El futuro de la sostenibilidad pasa por integrar lo técnico y lo humano, lo medible y lo emocional.
Porque lo que no se mide, a menudo se descuida.
Y lo que no se siente, difícilmente se transforma.
Las métricas del futuro no sustituirán los indicadores ambientales: los complementarán.
Serán una brújula para alinear la eficiencia con la empatía, la estrategia con el cuerpo y los resultados con el bienestar.
La sostenibilidad no empieza en los informes.
Empieza en los cuerpos que los escriben.
P. D. Si quieres empezar a aplicar esta mirada en tu día a día, puedes hacerlo con mi guía práctica
“30 días para una cultura que cuida” —una herramienta para pasar de la teoría a la acción, paso a paso.
Con cuidado y con estrategia,
🌀 Cuidar también es estrategia
🎓 Psicóloga | Comunicación en Sostenibilidad & ESG