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3 claves para liderar desde el cuerpo: presencia, seguridad y coherencia.

En los últimos años, el liderazgo ha dejado de definirse únicamente por la toma de decisiones o la capacidad de influencia.
Hoy, cada vez más organizaciones buscan líderes capaces de sostener equipos desde la presencia y no desde el control.
Y para eso, necesitamos volver al cuerpo.
Liderar desde el cuerpo no es una metáfora: es comprender cómo la fisiología influye en la forma en que comunicamos, decidimos y acompañamos.
Tu sistema nervioso responde antes que tus palabras.
Y aprender a escucharlo puede transformar tu manera de liderar.
1. La teoría polivagal aplicada al liderazgo.
La Teoría Polivagal, desarrollada por Stephen Porges, explica cómo nuestro sistema nervioso autónomo detecta constantemente señales de seguridad o amenaza.
Antes de que intervenga la mente racional, el cuerpo ya ha evaluado el entorno y ha decidido si puede relajarse, conectar o defenderse.
Este mecanismo —llamado neurocepción— es clave en cualquier contexto laboral.
Cuando una persona líder llega a una reunión con el cuerpo en alerta (voz tensa, respiración corta, movimientos bruscos), el equipo lo percibe.
Aunque no se diga nada, los sistemas nerviosos se sincronizan y la sensación de amenaza se contagia.
👉 Un cuerpo en estado de movilización genera microseñales de estrés que activan el mismo patrón en los demás.
👉 En cambio, un cuerpo regulado transmite calma, claridad y seguridad, facilitando la toma de decisiones y el pensamiento creativo.
Por eso, liderar desde el cuerpo implica desarrollar autoconciencia fisiológica: aprender a reconocer qué estado del sistema nervioso domina en cada momento (lucha, huida, parálisis, complacencia o conexión) y cultivar la capacidad de volver al equilibrio.
Esa capacidad se llama autorregulación, y es la base invisible del liderazgo consciente.
2. La diferencia entre control y presencia.
Durante años, el liderazgo se asoció con mantener el control: controlar los resultados, controlar las emociones, controlar las reacciones.
Pero el control, sostenido desde la tensión, desconecta.
La presencia, en cambio, no exige rigidez, sino coherencia.
Es la habilidad de permanecer disponible —física, emocional y cognitivamente— incluso ante la incertidumbre.
Un liderazgo basado en la presencia se apoya en tres pilares:
- Seguridad interna: la capacidad de mantenerse regulado incluso en contextos exigentes.
- Escucha profunda: captar no solo lo que se dice, sino cómo se dice.
- Coherencia somática: cuando lo que pensamos, sentimos y hacemos van al mismo ritmo.
Mientras el control intenta eliminar el error, la presencia lo integra.
Permite responder en lugar de reaccionar.
Y eso, en términos de neurofisiología, significa liderar desde un sistema nervioso que percibe seguridad, no amenaza.
Liderar desde el cuerpo es también reconocer que no hay liderazgo sostenible sin descanso, sin pausa y sin regulación.
La prisa perpetua activa el modo supervivencia; la pausa recupera la capacidad de conexión.
3. Cómo entrenar la coherencia somática en equipos.
La coherencia somática no se entrena en un taller aislado, sino en la práctica cotidiana.
Cada interacción con el equipo es una oportunidad para regular —o desregular— la cultura emocional de la organización.
Aquí algunas prácticas sencillas para empezar:
1. Check-in corporal:
Antes de una reunión, dedica dos minutos a observar cómo llega tu cuerpo:
¿respiras con fluidez o con esfuerzo?, ¿sientes tensión en hombros o mandíbula?, ¿necesitas una pausa antes de continuar?
Nombrarlo no es debilidad: es honestidad fisiológica.
2. Pausas reguladoras:
Integrar pausas breves entre reuniones o proyectos no es una pérdida de tiempo, sino una inversión en claridad.
Un cuerpo regulado toma mejores decisiones y evita la fatiga cognitiva.
3. Corregulación consciente:
El liderazgo no es autorregulación individual.
Los equipos también se regulan entre sí.
Pequeños gestos —una mirada empática, un tono de voz amable, un reconocimiento sincero— pueden reconectar sistemas nerviosos y restaurar la sensación de seguridad compartida.
4. Revisión somática de conflictos:
Cuando surja tensión, pregunta:
“¿Qué está pasando en nuestro cuerpo colectivo?”
Esta perspectiva permite abordar el conflicto sin reducirlo a un problema de comunicación.
A menudo, no falta voluntad: falta regulación.
Del cuerpo a la cultura.
El liderazgo somático no es una técnica más, sino una manera de entender la gestión humana desde la biología del cuidado.
Porque los equipos no se transforman con discursos, sino con cuerpos que encarnan la coherencia que predican.
Un liderazgo que escucha su sistema nervioso inspira a los demás a hacer lo mismo.
Y cuando una organización empieza a regularse colectivamente, nace una nueva forma de sostenibilidad: la sostenibilidad emocional.
Con cuidado y con estrategia,
🌀 Cuidar también es estrategia
🎓 Psicóloga | Comunicación en Sostenibilidad & ESG