Autor: Nerea Liarte

  • La transición verde no es neutra: cómo evitar que la sostenibilidad aumente la desigualdad

    La transición verde no es neutra: cómo evitar que la sostenibilidad aumente la desigualdad

    Durante mucho tiempo hemos hablado de la transición ecológica como si fuera, por definición, algo positivo para todas las personas. Reducir emisiones, descarbonizar la economía, transformar los sistemas energéticos y productivos parece —y es— imprescindible.

    Pero hay una pregunta que cada vez resuena con más fuerza:

    ¿para quién estamos diseñando la transición verde?

    La evidencia científica es clara: la transición ecológica no es socialmente neutra. Puede convertirse en una palanca de justicia social… o en un amplificador de desigualdades preexistentes. Todo depende del diseño, del ritmo y de cómo se reparten los costes y los beneficios.

    Cuando la transición verde aumenta la desigualdad

    Uno de los principales riesgos de las políticas climáticas mal diseñadas es su impacto regresivo. Medidas como los impuestos al carbono o los impuestos verdes suelen encarecer bienes básicos como la energía o el transporte. Si no existen mecanismos de compensación, estos costes pesan proporcionalmente más sobre los hogares con menos ingresos.

    No es que estas políticas sean erróneas en sí mismas. El problema aparece cuando se aplican sin redistribución, sin protección social y sin tener en cuenta las realidades materiales de las personas a las que afectan.

    Otro mecanismo clave es el acceso desigual a las tecnologías verdes. Placas solares, rehabilitación energética, movilidad eléctrica o electrodomésticos eficientes requieren una inversión inicial elevada. Cuando el ahorro y los beneficios de salud solo están disponibles para quienes pueden permitirse esa inversión, la transición corre el riesgo de convertirse en un nuevo privilegio.

    A esto se suma la dimensión territorial. Regiones dependientes de sectores intensivos en carbono pueden sufrir pérdidas de empleo, ingresos e identidad colectiva si no se acompañan con políticas de reconversión, formación y desarrollo alternativo. En entornos urbanos, algunas intervenciones ambientales han derivado incluso en procesos de green gentrification, donde las mejoras ambientales expulsan a la población más vulnerable.

    Cuando la transición verde reduce desigualdades

    La buena noticia es que este escenario no es inevitable. La investigación muestra que la transición puede ser socialmente beneficiosa cuando se diseña desde una lógica de transición justa.

    ¿Qué marca la diferencia?

    • Redistribución explícita: el reciclaje progresivo de los ingresos de impuestos verdes (por ejemplo, mediante transferencias directas o “dividendos climáticos”) puede neutralizar —e incluso revertir— los efectos regresivos.
    • Acceso equitativo a tecnologías: subvenciones bien dirigidas, programas públicos y modelos cooperativos permiten que los beneficios de la transición lleguen también a los hogares con menos recursos.
    • Protección y reconversión laboral: invertir en formación, empleo verde y alternativas económicas en territorios afectados reduce el rechazo social y fortalece la cohesión.
    • Participación real: cuando las comunidades participan en el diseño y la implementación de los proyectos, aumenta la aceptación social y se evitan soluciones desconectadas del contexto.

    En otras palabras, la transición funciona mejor cuando incorpora lo social desde el inicio, no como un parche posterior.

    El error de pensar la sostenibilidad solo desde lo técnico

    Uno de los grandes errores que seguimos cometiendo es tratar la sostenibilidad como un problema exclusivamente técnico o normativo. Cumplir con objetivos, indicadores y marcos legales es necesario, pero no suficiente.

    La transición ecológica es, ante todo, una transformación social. Afecta a cómo vivimos, trabajamos, nos movemos y nos relacionamos con el territorio. Ignorar esta dimensión no solo es injusto, sino también ineficaz: genera resistencias, desconfianza y bloqueos políticos.

    Por eso, cada vez más voces insisten en que no basta con “hacer la transición”. Hay que preguntarse cómo y con quién.

    Diseñar la transición para sostener la vida

    Si algo nos enseña la literatura reciente es que la transición verde magnifica las estructuras existentes. Allí donde hay desigualdad, tenderá a ampliarla si no se corrige. Allí donde hay cohesión, puede reforzarla.

    Diseñar políticas climáticas que cuiden a las personas no es una concesión ni un gesto moral: es una condición para que la transición sea viable, duradera y legítima.

    La pregunta clave para empresas, administraciones y organizaciones no debería ser solo cómo reducir emisiones, sino también:

    ¿qué impacto tendrá esto en la vida cotidiana de las personas?

    Porque una sostenibilidad que no cuida de quienes sostienen el sistema, difícilmente podrá sostenerse en el tiempo.


    Con cuidado y con estrategia,

    Nerea Liarte

    Cuidar también es estrategia

    Psicóloga | Comunicación en Sostenibilidad Social & ESG

  • 7 rituales de autorregulación para empezar el año sin forzar el cuerpo.

    7 rituales de autorregulación para empezar el año sin forzar el cuerpo.

    Las vacaciones terminan, el calendario se reactiva…

    pero el cuerpo no entiende de lunes ni de propósitos de enero.

    Después de un parón —aunque haya sido breve— el sistema nervioso necesita transiciones, no exigencias. Volver “a tope” no es productividad: muchas veces es desregulación.

    Este comienzo de año quiero abordarlo desde otro lugar:

    👉 autorregular antes de producir

    👉 ritualizar antes de planificar

    Desde hace unas semanas he incorporado algo muy sencillo a mi agenda:

    cada semana elijo un gesto de autocuidado y marco con qué frecuencia he conseguido sostenerlo.

    No para hacerlo perfecto, sino para hacerlo consciente.

    Esta entrada nace de ahí.


    1. Volver al ritmo no es acelerar

    Enero suele venir cargado de mensajes implícitos: empezar fuerte, recuperar el ritmo, cumplir objetivos.

    Pero el cuerpo funciona con otra lógica.

    Cuando forzamos la vuelta, activamos estrés.

    Cuando respetamos la transición, generamos seguridad.

    La autorregulación no consiste en hacer menos por pereza, sino en hacer desde un sistema nervioso disponible, no en alerta constante.


    2. Qué es un ritual (y qué no)

    Un ritual no es una rutina rígida.

    Tampoco es bienestar estético ni algo que “debería” hacerse.

    Un ritual es:

    • un gesto pequeño
    • repetido con intención
    • que envía una señal de seguridad al cuerpo

    No busca resultados.

    Busca presencia y continuidad.


    3. El ritual de mi primera semana: encender una vela

    La semana del 29 de diciembre al 4 de enero, mi único autocuidado fue este:

    🕯️ encender una vela.

    Nada más.

    Un gesto sencillo, pero constante.

    El fuego, la luz, el inicio y el cierre del día.

    El cuerpo agradece lo previsible, lo suave, lo que no exige explicación.

    A veces no necesitamos más herramientas, sino menos ruido.


    4. 7 rituales sencillos para autorregularte en enero

    No son para hacerlos todos.

    Son para elegir uno.

    1. Encender una vela al empezar o terminar el día
    2. Respirar tres veces antes de abrir el correo
    3. Caminar 10 minutos sin móvil
    4. Beber algo caliente con atención
    5. Escribir una sola frase por la mañana: “Hoy mi cuerpo necesita…”
    6. Estirarte dos minutos antes de dormir
    7. Apagar pantallas 20 minutos antes de acostarte

    La clave no es la perfección.

    Es la repetición posible.


    5. Cómo integrarlos sin convertirlos en obligación

    • Elige uno por semana
    • Observa la frecuencia, no el fallo
    • Ajusta según tu energía real
    • Suma nuevos rituales solo cuando el cuerpo lo pida

    El autocuidado no debería convertirse en otra lista que cumplir.


    Enero no tiene por qué ser un mes de empuje.

    Puede ser un mes de reentrada amable.

    Quizá este año no empieces con objetivos.

    Quizá empieces con un gesto.

    Y eso también es estrategia.


    Con cuidado y con estrategia,

    Nerea Liarte

    Cuidar también es estrategia

    Psicóloga | Comunicación en Sostenibilidad Social & ESG

  • Reactivar la España vaciada: sostenibilidad social, creatividad territorial y el poder de imaginar futuro.

    Reactivar la España vaciada: sostenibilidad social, creatividad territorial y el poder de imaginar futuro.

    En estos últimos días he sentido que muchas piezas empezaban a encajar.

    La docuserie HOPE (RTVE), el documental Muga, la jornada post-COP30 organizada por Generación Clima y el anuncio del MITECO sobre nuevas ayudas para proyectos contra la despoblación han actuado como un catalizador.

    De repente, todo apuntaba hacia la misma dirección:

    👉 necesitamos reimaginar el territorio

    👉 necesitamos proyectos que cuiden a las personas

    👉 y necesitamos creatividad estratégica para construir futuros habitables

    Como psicóloga y estudiante de economía circular, sostenibilidad y ESG, llevo meses viendo cómo estas dos miradas convergen en algo que me atraviesa profundamente: la revitalización de la España vaciada.

    Y, como alcañizana, no puedo evitar sentirlo en primera persona.

    Este post es el inicio de una hoja de ruta que seguiré desarrollando.

    Un intento de poner palabras a lo que ayer empecé a compartir:

    que la despoblación no es solo un reto demográfico, sino social, emocional, ecológico y político.

    Y que la regeneración de los territorios depende tanto de infraestructuras como de vínculos.


    1. La despoblación: un fenómeno complejo que exige mirada multidimensional

    A nivel académico, la despoblación en España se explica desde múltiples frentes: envejecimiento, baja natalidad, falta de oportunidades, distancia a grandes ciudades, cierre de servicios, migración juvenil, desigualdad, pérdida de tejido comunitario (Pontones-Rosa et al., 2021; Pulpón & Cañizares, 2020; Almá-Sabater et al., 2021).

    Pero una cosa es entender los factores…

    y otra muy distinta es ver sus efectos en el día a día.

    La despoblación no solo vacía pueblos:

    🕳️ vacía vínculos

    🕳️ vacía servicios

    🕳️ vacía oportunidades

    🕳️ vacía futuro

    Y como muestran los estudios, sus impactos son claros:

    • abandono de viviendas y equipamientos
    • deterioro del tejido social
    • aumento de la soledad no deseada
    • menor acceso a sanidad, educación y cultura
    • polarización política y desafección institucional
    • tensiones ambientales (reforestación acelerada o intensificación agrícola)

    Pero hay un dato que deberíamos subrayar:

    👉 la inmigración internacional ha frenado la despoblación en numerosos casos, aunque de manera desigual (Pulpón & Cañizares, 2020).

    Esto nos recuerda algo obvio que a veces incomoda:

    la diversidad cultural es un motor de revitalización, no una amenaza.


    2. La sostenibilidad social: la dimensión que mueve todo lo demás

    Estos últimos días, hablando con varias personas en LinkedIn, surgió una frase que quiero traer aquí porque creo que lo resume bien:

    No podemos salvar el planeta descuidando a las personas.

    La sostenibilidad social no es la “S” simpática del ESG.

    Es la infraestructura invisible que sostiene cualquier proyecto territorial:

    • sin cohesión, no hay comunidad
    • sin comunidad, no hay economía local
    • sin economía local, no hay fijación de población
    • sin fijación de población, no hay futuro para el territorio

    Lo social no es un añadido:

    es el cimiento.

    Por eso, abordar la despoblación requiere integrar psicología social, participación ciudadana, modelos de gobernanza, justicia territorial y vínculos intergeneracionales.

    Tanto como requiere transición energética, economía circular o agricultura regenerativa.


    3. Creatividad estratégica: el ingrediente que HOPE nos recuerda

    En la docuserie HOPE aparece constantemente una idea que atraviesa todo el relato:

    👉 el futuro se construye desde la creatividad, no desde el cumplimiento mínimo.

    Proyectos valientes, alianzas inesperadas, innovación social, nuevas formas de participación, experimentación comunitaria…

    Todos nacen de la misma pregunta:

    ¿y si pudiéramos hacerlo de otra manera?

    La sostenibilidad técnica ya sabemos cómo desarrollarla.

    Pero la sostenibilidad humana requiere imaginación, narrativa, cultura y visión.

    Lo técnico puede marcar límites.

    Lo creativo abre caminos.

    Y me atrevo a decir que, sin creatividad, la España vaciada seguirá siendo tratada como un problema.

    Con creatividad, puede convertirse en una oportunidad histórica para:

    • activar economías circulares locales
    • atraer talento remoto y emprendedor
    • generar empleo verde y comunitario
    • recuperar edificios y convertirlos en espacios culturales o de innovación
    • acoger población migrante y crear tejidos diversos
    • diseñar formación adaptada a los empleos del futuro
    • impulsar energías comunitarias y soberanía energética

    No se trata solo de frenar la despoblación.

    Se trata de construir territorios donde la vida sea posible, digna y próspera.


    4. ¿Por dónde empezamos? Una hoja de ruta inicial

    Aquí una primera propuesta que desarrollaré más adelante:

    1. Diagnóstico realista y participativo

    No solo datos demográficos:

    vínculos, necesidades, deseos, narrativas locales, expectativas de futuro.

    2. Infraestructura emocional y social

    Facilitar espacios de encuentro, cohesión y pertenencia.

    3. Economía regenerativa y empleo de futuro

    Economía circular, emprendimiento local, empleo verde, innovación rural.

    4. Vivienda digna y accesible

    Rehabilitación, incentivos y colaboración público-privada.

    5. Movilidad, conectividad y servicios esenciales

    Sin acceso no hay igualdad de oportunidades.

    6. Impulso a la diversidad cultural

    La presencia migrante no es un síntoma: es parte de la solución.

    7. Espacios para la creatividad territorial

    Laboratorios rurales de innovación social, cultural y económica.

    8. Alianzas vivas

    Ayuntamientos + asociaciones + ciudadanía + empresas + universidad.


    5. Conclusión: la España vaciada no está vacía

    Lo que más me ha enseñado esta semana es esto:

    👉 La despoblación es un síntoma.

    La falta de proyecto territorial es la causa.

    Y ese proyecto no vendrá solo de la normativa.

    Vendrá de las personas que deciden que sus pueblos merecen futuro.

    De quienes están dispuestos a crear, a imaginar y a tejer comunidad.

    La España vaciada no está vacía.

    Está esperando que volvamos a mirarla con ambición, creatividad y cuidado.

    Y ese es, a partir de ahora, el lugar desde el que quiero trabajar.


    Con cuidado y con estrategia,

    Nerea Liarte

    Cuidar también es estrategia

    Psicóloga | Comunicación en Sostenibilidad & ESG

  • Creatividad para un futuro sostenible: lo que HOPE nos recuerda y lo que podemos construir.

    Creatividad para un futuro sostenible: lo que HOPE nos recuerda y lo que podemos construir.

    En mi post de hoy hablaba de algo que llevo tiempo sintiendo:

    la sostenibilidad no avanza solo con cumplimiento normativo, reporting o marcos técnicos.

    La sostenibilidad avanza cuando creamos.

    Crear no en el sentido artístico, sino en el sentido profundo de imaginar escenarios posibles, conectar información dispersa, anticipar impactos y diseñar soluciones que no existían hace un año. O hace una semana.

    Y quizá por eso la docuserie HOPE me ha removido tanto.

    Porque, sin decirlo explícitamente, muestra algo esencial:

    👉 el futuro no se “cumple”, se construye.

    Y solo se construye desde una mezcla de evidencia científica, acción colectiva y creatividad estratégica.

    En los episodios se repite un mensaje que atraviesa todo:

    no basta con reducir daños; debemos activar posibilidades.

    Y siento que ese es el gran punto ciego de muchas organizaciones:

    se centran en evitar riesgos, pero no en generar futuro.

    Hoy quiero traer esta idea a tierra, enlazarla con lo que escribí esta mañana y ofrecer una hoja de ruta práctica —y valiente— para empresas y gobiernos.


    1. Sostenibilidad no es ejecutar: es crear.

    Decía ayer en LinkedIn que necesitamos algo más que aplicar el marco legal.

    Las empresas pueden cumplir todo lo que exige la ley… y aun así no mover nada esencial.

    Porque cumplir es lineal.

    Crear es transformador.

    La sostenibilidad es un proceso creativo:

    • crear estrategias que cuiden territorios y personas,
    • crear modelos de negocio que no devoren los recursos,
    • crear narrativas que unan y no fragmenten,
    • crear políticas que escuchen a quienes llevan años invisibilizados,
    • crear condiciones para que el futuro sea habitable.

    No hace falta ser pintor para ser creativo.

    Hace falta ser consciente.


    2. Lo que HOPE deja claro.

    La docuserie transmite tres ideas fundamentales que debemos traer a empresas y gobiernos:

    1. No es tarde, pero no sobra tiempo.

    Las palancas para cambiar el rumbo existen ya: regulación, tecnología, gobernanza, innovación social, educación.

    2. La acción colectiva funciona.

    Los ejemplos que muestra HOPE son el resultado de comunidades, instituciones, empresas y ciudadanía moviéndose en una misma dirección.

    3. La creatividad es una herramienta política y empresarial.

    Todos los proyectos transformadores que aparecen en pantalla nacen de una pregunta creativa:

    “¿Y si pudiéramos hacerlo de otra forma?”


    3. Hoja de ruta para empresas y gobiernos: de la transición a la transformación.

    Aquí propongo una hoja de ruta realista, pero ambiciosa.

    Una hoja que une ciencia, estrategia y humanidad.


    A. Diagnosticar con honestidad:

    1. Evaluar la madurez ESG más allá del “tick the box”.
    2. Identificar impactos reales, no solo los que quedan bien en memoria.
    3. Escuchar a comunidades afectadas, no solo a stakeholders con poder.

    Sin un diagnóstico honesto, todo se convierte en greenwashing.


    B. Invertir en creatividad estratégica:

    La creatividad debe ser una competencia ESG.

    No hablamos de campañas, sino de:

    • imaginar escenarios de transición justa;
    • rediseñar procesos para reducir impacto sin perder valor;
    • vincular talento, territorio y cultura;
    • conectar lo técnico con lo humano;
    • innovar en soluciones regenerativas.

    HOPE lo muestra clarísimo: la innovación climática y social nace de preguntas creativas, no de repetir lo de siempre.


    C. Proteger el largo plazo por encima del trimestre:

    Gobiernos y empresas deberían preguntarse:

    • ¿Qué coste tiene intervenir ahora?
    • ¿Y qué coste tendrá no haber prevenido dentro de 10 años?

    Como aprendí en psicología:

    la prevención siempre es más barata que la intervención.

    Lo mismo ocurre con el clima, la desigualdad o la salud mental organizacional.


    D. Integrar el bienestar humano en el corazón de la sostenibilidad:

    No podemos salvar el planeta descuidando a las personas.

    Esto implica:

    • políticas de empleo dignas,
    • vivienda accesible,
    • modelos inclusivos sin discriminación étnico-racial,
    • prevención de la pobreza energética,
    • territorios que no condenen a nadie a la segregación.

    La sostenibilidad social no es la “S” bonita del ESG.

    Es la base que sostiene todo lo demás.


    E. Crear alianzas vivas, no memorias que se olvidan:

    Las transformaciones reales surgen de consorcios, redes, universidades, empresas, ONGs y ciudadanía colaborando.

    HOPE lo evidencia en cada episodio:

    nadie cambia el mundo solo, pero todos podemos ser pieza clave de una solución colectiva.


    F. Medir lo que importa, no solo lo que es fácil medir:

    Hay impactos que no caben en un KPI pero que mueven la historia:

    • cambios de conciencia,
    • vínculos creados,
    • reducción del sufrimiento humano,
    • mejoras en cohesión social,
    • nuevas culturas organizacionales.

    Si no medimos lo humano, lo perdemos.

    Si lo perdemos, deja de haber sostenibilidad.


    4. En resumen: la sostenibilidad se construye, no se imita.

    Lo que HOPE me recuerda es que no basta con “cumplir”.

    Necesitamos imaginar, crear, arriesgar, conectar y sostener procesos que vayan más allá del mínimo legal.

    Las empresas tienen un poder inmenso.

    Los gobiernos también.

    Ambos pueden ser motores de regeneración, innovación y justicia social si se atreven a pensar más allá del Excel.

    La pregunta no es

    “¿estamos a tiempo?”,

    sino

    “¿qué queremos crear con el tiempo que nos queda?”

    Esa es la verdadera transformación.


    Con cuidado y con estrategia,

    Nerea Liarte

    🌀 Cuidar también es estrategia

    🎓 Psicóloga | Comunicación en Sostenibilidad & ESG

  • 3 claves para rediseñar la productividad y crear formas de trabajo sostenibles.

    3 claves para rediseñar la productividad y crear formas de trabajo sostenibles.

    Durante años, hablar de productividad en las organizaciones ha sido sinónimo de “hacer más en menos tiempo”. Sin embargo, hoy sabemos que ese modelo ha alcanzado su límite: ritmos acelerados, urgencia constante, multitarea crónica y un nivel de desgaste que termina erosionando no solo la salud de las personas, sino también la calidad del trabajo.

    La sostenibilidad social —la dimensión más olvidada del ESG— nos recuerda algo fundamental: no existen organizaciones sostenibles si los ritmos laborales no son compatibles con la vida.

    Y eso exige repensar cómo trabajamos, cómo nos organizamos y cómo regulamos nuestro tiempo.

    En esta entrada te comparto tres claves para avanzar hacia nuevas formas de trabajo sostenible, integrando evidencia, ejemplos y prácticas aplicables desde hoy.


    1. Slow productivity: trabajar mejor, no más.

    El término slow productivity no implica trabajar menos ni renunciar a los objetivos.

    Implica diseñar condiciones donde el trabajo pueda realizarse con foco, claridad y el ritmo adecuado para sostenerlo en el tiempo.

    La “urgencia crónica”, tan normalizada en muchas empresas, no es un indicador de compromiso.

    Es un indicador de desregulación colectiva.

    Cuando una organización funciona en estado de alerta permanente, aparecen patrones que ya consideramos parte inherente del trabajo, pero que no lo son:

    • Tareas urgentes que no lo eran hace 24 horas.
    • Reuniones diseñadas para apagar fuegos, no para tomar decisiones.
    • Fatiga cognitiva que deriva en errores evitables.
    • Dificultad para priorizar lo importante frente a lo inmediato.

    En cambio, la slow productivity plantea una idea sencilla pero transformadora:

    solo se produce bien desde un sistema nervioso regulado.

    Los estudios sobre rendimiento cognitivo son claros:

    La calidad del trabajo aumenta cuando reducimos el ruido, no cuando aumentamos la presión.

    Un ritmo más humano favorece:

    • una mejor memoria de trabajo
    • menos errores por saturación
    • más capacidad estratégica
    • mayor creatividad
    • decisiones más coherentes

    La eficiencia real no nace de hacer más, sino de poder pensar mejor.


    2. Ejemplos de empresas que ya están rediseñando el trabajo.

    Las nuevas formas de trabajo sostenible no son teoría.

    Ya hay organizaciones aplicándolas con impacto real.

    1. Buffer – semanas de trabajo “calmadas”.

    Implementaron semanas estructuradas sin reuniones salvo las imprescindibles.

    El resultado: más foco, menos agotamiento y mejor calidad en la entrega.

    2. Microsoft Japón – 4 días, misma productividad.

    La prueba piloto redujo horas, pero aumentó la productividad un 40 %.

    No por magia: por claridad, energía y mejor organización del tiempo.

    3. Dropbox – “Virtual First”.

    La empresa reorganizó toda su estructura para garantizar bloques de trabajo profundo y reuniones solo cuando son necesarias.

    Redujeron el “ruido” para dejar espacio a la concentración.

    4. Empresas nórdicas – “tiempo sin interrupciones”.

    Grandes compañías en Suecia y Dinamarca integran políticas de focus time obligatorio:

    dos horas sin correos ni mensajes.

    La concentración es un recurso estratégico.

    Estos ejemplos confirman algo que la neurociencia y la gestión ya venían indicando:

    📌 Un equipo con margen, presencia y energía rinde más que un equipo acelerado.


    3. Microcambios para aplicar en tu propio entorno.

    La sostenibilidad laboral no empieza con grandes transformaciones, sino con microdecisiones que cambian la calidad del día a día.

    Aquí tienes un conjunto de prácticas aplicables tanto si lideras un equipo como si trabajas en solo en tu departamento:

    🕊️ 1. Reuniones de 45 minutos + 5 minutos de pausa real.

    El descanso no es “tiempo perdido”, es regulación.

    Sin pausa, el sistema nervioso acumula tensión y pierde claridad.

    ⏳ 2. Bloques sin interrupciones.

    Reserva ventanas de 60–90 minutos para trabajar sin notificaciones.

    Un solo bloque profundo puede equivaler a 3 horas de trabajo fragmentado.

    📌 3. Priorizar en función de energía, no solo de urgencia.

    Hay tareas que requieren más presencia cognitiva y emocional.

    Hacerlas en tus mejores horas evita cansancio innecesario.

    🤝 4. Acordar “ritmos compartidos” con tu equipo.

    La productividad colectiva mejora cuando hay un entendimiento común sobre:

    • cuándo sí y cuándo no interrumpir
    • qué es realmente urgente
    • qué tiempos necesita cada tarea

    La regulación del equipo se vuelve más estable.

    🧠 5. Desnormalizar el “siempre disponible”.

    La disponibilidad continua es un hábito cultural, no una necesidad real.

    Poner límites es una forma avanzada de sostenibilidad personal y profesional.

    🌬️ 6. Revisar tu agenda desde el cuidado.

    Una pregunta sencilla para cada bloque de tiempo:

    “¿Qué sostengo yo aquí y qué me sostiene a mí?”

    Si la respuesta es que solo sostienes y nunca te sostiene… ahí hay un desequilibrio.


    Del ritmo individual al ritmo organizacional.

    Hablar de ritmos humanos no es “soft”, es estratégico.

    El estrés sostenido afecta:

    • la calidad del pensamiento,
    • la creatividad,
    • la toma de decisiones,
    • la empatía,
    • la capacidad para sostener conflicto,
    • la retención de talento.

    Un equipo regulado produce mejor, no solo se siente mejor.

    Sostenibilidad social significa integrar prácticas que permitan trabajar sin comprometer la salud, el cuerpo ni la energía de quienes hacen posible la organización.

    Las nuevas formas de trabajo que sostienen la vida parten de una premisa simple:

    No necesitamos trabajar más; necesitamos trabajar distinto.

    Con más pausa, más presencia y menos ruido.

    Porque cuidar los ritmos es cuidar a las personas.

    Y cuidar a las personas es cuidar la estrategia.


    Con cuidado y con estrategia,

    Nerea Liarte

    🌀 Cuidar también es estrategia

    🎓 Psicóloga | Comunicación en Sostenibilidad & ESG

  • 3 claves para liderar desde el cuerpo: presencia, seguridad y coherencia.

    3 claves para liderar desde el cuerpo: presencia, seguridad y coherencia.

    En los últimos años, el liderazgo ha dejado de definirse únicamente por la toma de decisiones o la capacidad de influencia.

    Hoy, cada vez más organizaciones buscan líderes capaces de sostener equipos desde la presencia y no desde el control.

    Y para eso, necesitamos volver al cuerpo.

    Liderar desde el cuerpo no es una metáfora: es comprender cómo la fisiología influye en la forma en que comunicamos, decidimos y acompañamos.

    Tu sistema nervioso responde antes que tus palabras.

    Y aprender a escucharlo puede transformar tu manera de liderar.


    1. La teoría polivagal aplicada al liderazgo.

    La Teoría Polivagal, desarrollada por Stephen Porges, explica cómo nuestro sistema nervioso autónomo detecta constantemente señales de seguridad o amenaza.

    Antes de que intervenga la mente racional, el cuerpo ya ha evaluado el entorno y ha decidido si puede relajarse, conectar o defenderse.

    Este mecanismo —llamado neurocepción— es clave en cualquier contexto laboral.

    Cuando una persona líder llega a una reunión con el cuerpo en alerta (voz tensa, respiración corta, movimientos bruscos), el equipo lo percibe.

    Aunque no se diga nada, los sistemas nerviosos se sincronizan y la sensación de amenaza se contagia.

    👉 Un cuerpo en estado de movilización genera microseñales de estrés que activan el mismo patrón en los demás.

    👉 En cambio, un cuerpo regulado transmite calma, claridad y seguridad, facilitando la toma de decisiones y el pensamiento creativo.

    Por eso, liderar desde el cuerpo implica desarrollar autoconciencia fisiológica: aprender a reconocer qué estado del sistema nervioso domina en cada momento (lucha, huida, parálisis, complacencia o conexión) y cultivar la capacidad de volver al equilibrio.

    Esa capacidad se llama autorregulación, y es la base invisible del liderazgo consciente.


    2. La diferencia entre control y presencia.

    Durante años, el liderazgo se asoció con mantener el control: controlar los resultados, controlar las emociones, controlar las reacciones.

    Pero el control, sostenido desde la tensión, desconecta.

    La presencia, en cambio, no exige rigidez, sino coherencia.

    Es la habilidad de permanecer disponible —física, emocional y cognitivamente— incluso ante la incertidumbre.

    Un liderazgo basado en la presencia se apoya en tres pilares:

    • Seguridad interna: la capacidad de mantenerse regulado incluso en contextos exigentes.
    • Escucha profunda: captar no solo lo que se dice, sino cómo se dice.
    • Coherencia somática: cuando lo que pensamos, sentimos y hacemos van al mismo ritmo.

    Mientras el control intenta eliminar el error, la presencia lo integra.

    Permite responder en lugar de reaccionar.

    Y eso, en términos de neurofisiología, significa liderar desde un sistema nervioso que percibe seguridad, no amenaza.

    Liderar desde el cuerpo es también reconocer que no hay liderazgo sostenible sin descanso, sin pausa y sin regulación.

    La prisa perpetua activa el modo supervivencia; la pausa recupera la capacidad de conexión.


    3. Cómo entrenar la coherencia somática en equipos.

    La coherencia somática no se entrena en un taller aislado, sino en la práctica cotidiana.

    Cada interacción con el equipo es una oportunidad para regular —o desregular— la cultura emocional de la organización.

    Aquí algunas prácticas sencillas para empezar:

    1. Check-in corporal:

    Antes de una reunión, dedica dos minutos a observar cómo llega tu cuerpo:

    ¿respiras con fluidez o con esfuerzo?, ¿sientes tensión en hombros o mandíbula?, ¿necesitas una pausa antes de continuar?

    Nombrarlo no es debilidad: es honestidad fisiológica.

    2. Pausas reguladoras:

    Integrar pausas breves entre reuniones o proyectos no es una pérdida de tiempo, sino una inversión en claridad.

    Un cuerpo regulado toma mejores decisiones y evita la fatiga cognitiva.

    3. Corregulación consciente:

    El liderazgo no es autorregulación individual.

    Los equipos también se regulan entre sí.

    Pequeños gestos —una mirada empática, un tono de voz amable, un reconocimiento sincero— pueden reconectar sistemas nerviosos y restaurar la sensación de seguridad compartida.

    4. Revisión somática de conflictos:

    Cuando surja tensión, pregunta:

    “¿Qué está pasando en nuestro cuerpo colectivo?”

    Esta perspectiva permite abordar el conflicto sin reducirlo a un problema de comunicación.

    A menudo, no falta voluntad: falta regulación.


    Del cuerpo a la cultura.

    El liderazgo somático no es una técnica más, sino una manera de entender la gestión humana desde la biología del cuidado.

    Porque los equipos no se transforman con discursos, sino con cuerpos que encarnan la coherencia que predican.

    Un liderazgo que escucha su sistema nervioso inspira a los demás a hacer lo mismo.

    Y cuando una organización empieza a regularse colectivamente, nace una nueva forma de sostenibilidad: la sostenibilidad emocional.


    Con cuidado y con estrategia,

    Nerea Liarte

    🌀 Cuidar también es estrategia

    🎓 Psicóloga | Comunicación en Sostenibilidad & ESG

  • Comunicación regenerativa: 3 claves para transformar la forma en que hablamos en el trabajo.

    Comunicación regenerativa: 3 claves para transformar la forma en que hablamos en el trabajo.

    La comunicación no solo se mide en palabras, sino en lo que el cuerpo transmite cuando las decimos.

    En cada conversación, correo o reunión hay algo que el lenguaje no alcanza a nombrar: el ritmo, el tono, la respiración, la tensión en los hombros o el silencio entre frase y frase.

    Eso también comunica.

    Y muchas veces, ahí es donde una organización se desregula.

    Durante años, las empresas han intentado mejorar su comunicación a base de formaciones en habilidades blandas, feedback constructivo o liderazgo empático.

    Pero pocas se han detenido a mirar lo que ocurre antes de hablar: el estado interno desde el que comunicamos.

    La comunicación regenerativa no busca solo transmitir información, sino cuidar el vínculo mientras lo hacemos.

    Implica integrar el cuerpo, la mente y la emoción en la forma en que nos relacionamos, entendiendo que lo que decimos puede regular —o desregular— tanto como una carga de trabajo.


    1️⃣ La comunicación también es una práctica somática.

    Cada palabra tiene un correlato fisiológico.

    Cuando hablamos desde la urgencia, el cuerpo entra en modo supervivencia: respiramos menos, tensamos la mandíbula y perdemos capacidad de escucha.

    Cuando nos sentimos seguros, en cambio, el sistema nervioso se relaja y la comunicación fluye.

    Por eso, hablar de comunicación regenerativa es hablar también de regulación emocional y corporal.

    De tomar una respiración antes de responder.

    De revisar si estamos usando el tono adecuado para que el mensaje llegue sin generar amenaza.

    El cuerpo es el primer canal de comunicación y el más olvidado en los entornos laborales.

    Escucharlo es empezar a reparar la calidad de nuestras relaciones.


    2️⃣ Tono, ritmo y escucha: tres indicadores de regulación.

    Hay conversaciones que agotan y otras que nutren.

    La diferencia muchas veces no está en el contenido, sino en la forma.

    🔹 El tono: puede suavizar un límite o convertirlo en un conflicto.

    🔹 El ritmo: cuando hay prisa por hablar, se corta la posibilidad de comprender.

    🔹 La escucha: no es oír para responder, sino para recibir.

    Una comunicación regenerativa mide la calidad de lo que une a las personas: el nivel de sintonía, confianza y coherencia corporal que se crea al interactuar.

    Porque donde hay tensión constante, el cuerpo se defiende; y donde hay escucha genuina, se abre el aprendizaje.


    3️⃣ Cómo crear conversaciones seguras en entornos laborales.

    Crear seguridad no significa evitar el conflicto, sino hacerlo habitable.

    Implica generar contextos donde las personas puedan expresar desacuerdo sin miedo a consecuencias, y donde el cuerpo no necesite ponerse en alerta para sostener una reunión.

    Algunas microprácticas que puedes aplicar desde hoy:

    🌬️ Exhala antes de hablar. Esa pausa regula tu tono y ayuda al sistema nervioso del otro.

    🫶 Valida la emoción sin intentar resolverla. “Entiendo que esto te preocupa” es más útil que “no pasa nada”.

    🧭 Cierra cada conversación con claridad. Dejar cabos sueltos es otra forma de generar estrés.

    La comunicación regenerativa no se trata de ser más suaves, sino más coherentes.

    De crear ritmos que no desgasten.

    De sostener conversaciones donde el cuerpo también pueda descansar.


    Un paso más: cuidar el lenguaje como se cuida un ecosistema.

    Las palabras son parte del entorno que habitamos.

    Igual que cuidamos el aire o el agua, podemos cuidar el lenguaje que compartimos.

    Hablar con presencia, con ritmo y con pausa también es sostenibilidad social.

    Por eso, desde hoy he decidido abrir todos los recursos de cuidartambienesestrategia.com en formato biblioteca gratuita.

    Una colección viva que iremos construyendo entre todas las personas que creemos que cuidar también es estrategia.

    Cada guía, cada herramienta y cada reflexión está pensada para ayudarte a integrar bienestar, conciencia y acción en tu día a día laboral.


    💭 Para reflexionar

    ¿Cómo cambia tu forma de comunicar cuando lo haces desde un cuerpo regulado?

    ¿Qué pasaría si en tu equipo el silencio también contara como parte del diálogo?


    P.D. Si te interesa seguir profundizando en este tema, te recomiendo mi guía 30 días para una cultura que cuida, donde encontrarás prácticas diarias para llevar el cuidado al lenguaje, las reuniones y los procesos de trabajo.


    Con cuidado y con estrategia,

    Nerea Liarte

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    🎓 Psicóloga | Comunicación en Sostenibilidad & ESG

  • 6 nuevos indicadores para medir la sostenibilidad social en 2025.

    6 nuevos indicadores para medir la sostenibilidad social en 2025.

    Durante años, la sostenibilidad se ha medido principalmente con cifras tangibles: toneladas de CO₂, litros de agua, consumo energético o porcentaje de materiales reciclados.

    Pero la sostenibilidad —la real, la que transforma— no se limita a los recursos. También se construye en la forma en que trabajamos, lideramos y nos relacionamos.

    Hoy las organizaciones se enfrentan a un nuevo reto: cómo medir lo que no siempre se ve, pero sí se siente.

    Cómo evaluar la salud emocional de un equipo, la coherencia entre los valores corporativos y las prácticas reales, o la capacidad de una cultura para sostenerse sin agotar a las personas que la hacen posible.

    Hace unos días leí un post de Pilar Silva que me pareció especialmente inspirador.

    En él, compartía los nuevos indicadores de sostenibilidad que están marcando tendencia en 2025: huella de biodiversidad, impacto social neto, circularidad de materiales, huella digital sostenible y bienestar organizacional.

    Y pensé: qué importante es ampliar también esta mirada hacia lo humano, hacia lo invisible que sostiene la cultura de las empresas.

    Porque la sostenibilidad ambiental necesita su reflejo interno: la sostenibilidad social y emocional.

    Por eso hoy quiero compartir seis indicadores complementarios que, desde mi experiencia, marcarán la diferencia en los próximos años.


    1️⃣ Nivel de regulación emocional en equipos.

    Tradicionalmente se ha hablado de “clima laboral”, pero pocas empresas miden cómo se regula ese clima tras el estrés o el conflicto.

    En términos simples: ¿qué tan rápido y con qué calidad recupera el equilibrio un equipo después de una situación difícil?

    Las organizaciones, igual que los organismos, atraviesan momentos de tensión.

    Una cultura saludable no es aquella que nunca se desregula, sino aquella que sabe volver a la calma sin romperse.

    Este indicador permite detectar si los equipos cuentan con herramientas de autorregulación, comunicación empática y liderazgo consciente.

    Y, sobre todo, si la organización entiende que la productividad no depende de la presión, sino de la capacidad de sostener la energía sin agotarla.


    2️⃣ Cultura del cuidado y seguridad psicológica.

    Cada vez más empresas incluyen la palabra “cuidado” en sus valores.

    Pero pocas la traducen en prácticas cotidianas.

    La seguridad psicológica no se logra con una política o un taller: se construye día a día, en la manera en que se da feedback, se gestionan los errores y se sostienen las emociones difíciles.

    Una organización trauma-informed —informada por el trauma— reconoce los efectos que las experiencias de estrés crónico, jerarquías rígidas o falta de reconocimiento tienen sobre las personas.

    Y trabaja para crear entornos donde los equipos puedan sentirse seguros, valorados y regulados.


    3️⃣ Tiempo de recuperación real.

    Las métricas tradicionales de rendimiento rara vez consideran el descanso.

    Pero el bienestar no se mide solo en horas trabajadas, sino también en tiempo de recuperación.

    ¿Cuánto tarda un equipo en volver a su nivel de energía tras un proyecto exigente, una crisis interna o un cambio organizacional?

    Este indicador propone observar la regeneración como parte de la estrategia.

    Porque el descanso no es una recompensa, sino una necesidad estructural de cualquier sistema sostenible.


    4️⃣ Coherencia entre valores y prácticas.

    Este debería ser el nuevo KPI de las organizaciones con propósito: la coherencia.

    No basta con comunicar un compromiso con la sostenibilidad si dentro se normalizan la prisa, el cansancio o el silencio emocional.

    La sostenibilidad empieza en casa: en cómo tratamos a quienes forman parte del proyecto.

    Medir la coherencia implica revisar procesos, estilos de liderazgo, lenguaje interno y hasta microgestos del día a día.

    Cuando lo que se comunica hacia fuera está alineado con lo que se vive dentro, surge algo más poderoso que la reputación: la confianza.


    5️⃣ Impacto vincular.

    Los vínculos son el tejido invisible de toda organización.

    Miden la calidad del vínculo que conecta a las personas: confianza, colaboración, empatía y presencia mutua.

    Un indicador de impacto vincular permite evaluar cómo las decisiones empresariales afectan a las relaciones —no solo a los resultados.

    En un entorno interdependiente, cuidar los vínculos es cuidar la sostenibilidad.

    Porque sin relación, no hay regeneración.


    6️⃣ Energía organizacional.

    Podemos medir la energía eléctrica o el consumo de recursos, sí.

    Pero pocas veces nos preguntamos por la energía humana.

    ¿Cómo está la vitalidad de los equipos?

    ¿Hay entusiasmo, creatividad, propósito compartido?

    ¿O más bien agotamiento, desconexión y ruido interno?

    Este indicador se centra en la calidad del flujo vital dentro de una organización: cómo circula la energía entre personas, procesos y proyectos.

    Una cultura sostenible es, al final, una cultura energéticamente coherente.


    Medir distinto, también es liderar distinto.

    El futuro de la sostenibilidad pasa por integrar lo técnico y lo humano, lo medible y lo emocional.

    Porque lo que no se mide, a menudo se descuida.

    Y lo que no se siente, difícilmente se transforma.

    Las métricas del futuro no sustituirán los indicadores ambientales: los complementarán.

    Serán una brújula para alinear la eficiencia con la empatía, la estrategia con el cuerpo y los resultados con el bienestar.

    La sostenibilidad no empieza en los informes.

    Empieza en los cuerpos que los escriben.


    P. D. Si quieres empezar a aplicar esta mirada en tu día a día, puedes hacerlo con mi guía práctica

    “30 días para una cultura que cuida” —una herramienta para pasar de la teoría a la acción, paso a paso.


    Con cuidado y con estrategia,

    Nerea Liarte

    🌀 Cuidar también es estrategia

    🎓 Psicóloga | Comunicación en Sostenibilidad & ESG

  • 3 formas de pasar de lo heredado a lo que decidimos crear: sostenibilidad social en acción.

    3 formas de pasar de lo heredado a lo que decidimos crear: sostenibilidad social en acción.

    Vivimos rodeados de herencias invisibles.

    Algunas nos impulsan, otras nos pesan.

    En la familia, en la escuela, en el trabajo… repetimos patrones que aprendimos sin darnos cuenta.

    Y en el entorno laboral, esa herencia también se nota: estructuras rígidas, culturas de urgencia, liderazgo basado en el miedo o la sobreexigencia.

    Pero si algo nos enseña la sostenibilidad social, es que siempre podemos elegir: observar lo que heredamos y decidir qué queremos seguir cultivando.


    1. De la supervivencia al cuidado.

    Muchas empresas aún operan desde un paradigma de supervivencia.

    La urgencia, la presión por resultados y la falta de descanso se normalizan como sinónimo de compromiso.

    Sin embargo, este modelo está agotado.

    Sostener la productividad a costa del bienestar ya no es sostenible —ni humana ni económicamente.

    La transición hacia una verdadera sostenibilidad social comienza por un cambio de lente: entender que cuidar no es un lujo, sino una estrategia.

    Cuidar es crear las condiciones para que las personas puedan pensar, cooperar, innovar.

    Y eso se traduce en culturas organizacionales más estables, creativas y resilientes.

    👉 Pasar de la supervivencia al cuidado significa integrar prácticas de regulación, pausas conscientes y espacios de escucha en el día a día.

    No hace falta transformar toda la empresa de golpe.

    Basta con empezar por un gesto: una reunión que empieza con tres respiraciones, un líder que pregunta cómo está su equipo antes de hablar de objetivos, un acuerdo real sobre los límites de la urgencia.


    2. De lo aprendido a lo elegido.

    La sostenibilidad social no se trata solo de implementar políticas.

    Tiene que ver con decidir conscientemente cómo queremos relacionarnos: entre personas, con el tiempo y con el trabajo.

    Muchos de los patrones que sostienen culturas tóxicas —la competitividad constante, el silencio ante los conflictos, el miedo al error— vienen de generaciones anteriores.

    De entornos donde había que “aguantar” y “demostrar valor”.

    El cambio empieza cuando nos damos permiso para hacerlo diferente.

    🌿 Elegir no repetir esos guiones.

    🌿 Elegir una forma de liderazgo más presente y menos reactiva.

    🌿 Elegir la colaboración en lugar del control.

    Las culturas saludables no se heredan: se diseñan día a día con prácticas concretas.

    Por eso, cada decisión cuenta: cómo das feedback, cómo organizas el tiempo, cómo reaccionas ante una crisis.


    3. De la inercia a la intención.

    Sostenibilidad social también significa mirar más allá de la inercia.

    Preguntarnos si las rutinas que repetimos siguen teniendo sentido.

    A veces no se trata de grandes estrategias, sino de volver a lo esencial:

    • ¿Qué valores sostenemos en nuestro equipo?
    • ¿Qué comportamientos recompensamos, y cuáles pasamos por alto?
    • ¿Qué historias se repiten en nuestras reuniones, y qué nuevas podríamos contar?

    Cuando las empresas se atreven a hacerse estas preguntas, empieza la verdadera transformación cultural.

    Una transformación que no busca “ser perfecta”, sino más humana, más coherente y más viva.


    Hacia una cultura que elegimos construir.

    La sostenibilidad social no se mide solo en indicadores.

    Se mide en vínculos, en confianza, en la capacidad de un equipo para sostenerse sin romperse.

    Por eso, el futuro del trabajo no depende solo de innovación tecnológica o eficiencia, sino de algo más profundo:

    cómo decidimos cuidarnos mientras creamos, lideramos y colaboramos.

    De lo heredado no siempre somos responsables.

    De lo que decidimos crear, sí.


    P.D.

    Si este tema te resuena, te encantará mi guía práctica “30 días para una cultura que cuida” —un recurso diseñado para pasar del discurso al cuidado cotidiano, con ejercicios semanales y herramientas reales.

    📘 Descárgala aquí.


    Con cuidado y con estrategia,

    Nerea Liarte

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    🎓 Psicóloga | Comunicación en Sostenibilidad & ESG

  • 5 microgestos para transformar el trauma generacional en cultura saludable.

    5 microgestos para transformar el trauma generacional en cultura saludable.

    El trauma generacional no vive solo en las familias.

    También se hereda en la forma en que trabajamos, lideramos y nos relacionamos en las organizaciones.

    Durante décadas, muchas empresas se construyeron sobre patrones que normalizan el aguante, el silencio y la desconfianza. Son huellas invisibles del trauma colectivo: aprendizajes de supervivencia que un día fueron útiles, pero que hoy nos impiden crear culturas laborales sanas y sostenibles.

    Transformar estas dinámicas no requiere grandes planes.

    A veces basta con microgestos conscientes que reescriben lo heredado y devuelven humanidad a lo cotidiano.


    1. Escuchar sin reparar.

    En entornos donde el trauma generacional ha dejado huella, escuchar suele confundirse con arreglar.

    Nos cuesta sostener el malestar sin querer eliminarlo. Pero escuchar sin intervenir —solo para comprender— es un acto reparador.

    👉 Práctica sencilla: en tu próxima reunión o conversación difícil, escucha sin ofrecer soluciones inmediatas. Acompaña con la mirada, con el cuerpo disponible.

    Esa presencia regula más que cualquier discurso.


    2. Nombrar lo que se repite.

    Los patrones no se rompen por casualidad: se repiten hasta que alguien los nombra.

    El silencio, el miedo a hablar o el “aquí siempre se ha hecho así” son expresiones de traumas organizacionales no reconocidos.

    Nombrar no es señalar culpables, sino iluminar lo que duele para poder actuar.

    Una organización que puede hablar de su propia historia —de sus aciertos y de sus heridas— se vuelve más resiliente.

    👉 Práctica sencilla: dedica un espacio mensual a revisar cómo os estáis relacionando como equipo, no solo qué objetivos estáis cumpliendo. Lo que se nombra se puede transformar.


    3. Redefinir la urgencia.

    La urgencia crónica es uno de los legados más dañinos del trauma generacional.

    Venimos de culturas donde “parar” equivalía a “fallar”. Pero el cuerpo no puede sostener un estado de alerta constante sin enfermar.

    Redefinir la urgencia significa devolver ritmo, descanso y cadencia a los procesos.

    👉 Práctica sencilla: implementa la regla 45/5 —45 minutos de trabajo, 5 de pausa real— y observa cómo mejora la atención y el clima del equipo.

    El descanso no es pérdida de tiempo, es estrategia de regeneración.


    4. Practicar el feedback seguro.

    Muchos evitamos el feedback por miedo al conflicto, o lo damos de forma defensiva.

    Ese patrón tiene raíces profundas: en familias y entornos donde opinar o equivocarse no era seguro.

    Un feedback seguro combina asertividad y cuidado. No busca corregir, sino fortalecer el vínculo.

    👉 Práctica sencilla: usa la escalera de tres pasos —observación, emoción, propuesta—.

    Por ejemplo: “Cuando interrumpimos en reuniones (observación), me siento frustrada porque no se escucha a todos (emoción). ¿Podemos probar con turnos de palabra? (propuesta)”.

    El lenguaje puede ser una herramienta de regulación colectiva.


    5. Cuidar la memoria del equipo.

    Toda organización tiene memoria: lo que se celebra, lo que se calla y lo que se repite.

    Cuando no revisamos esa memoria, corremos el riesgo de perpetuar dinámicas que agotan.

    Cuidar la memoria significa mirar atrás con responsabilidad, no con culpa.

    Es reconocer de dónde venimos para elegir conscientemente hacia dónde ir.

    👉 Práctica sencilla: al cierre de cada trimestre, revisad qué prácticas queréis conservar y cuáles queréis dejar atrás.

    Esa es la verdadera innovación cultural.


    Del trauma generacional a la sostenibilidad social.

    Hablar de trauma generacional en las empresas no es hablar solo de psicología, sino de sostenibilidad social: de cómo las heridas del pasado moldean nuestras estructuras y de cómo el cuidado puede transformarlas.

    Cada microgesto cuenta.

    Cada pausa, cada conversación honesta, cada acuerdo consciente reescribe la historia colectiva de cómo trabajamos.

    Porque las culturas saludables no nacen de cero: se reparan.

    Y esa reparación empieza por quienes se atreven a mirar el sistema con compasión y estrategia.


    P.D.:

    Si este tema te resuena y quieres empezar a aterrizar el cuidado en tu equipo, puedes dar el primer paso con mi recurso práctico 30 días para una cultura que cuida.

    Una hoja de ruta para transformar el trauma cotidiano en bienestar organizacional, con gestos pequeños que generan cambios profundos.


    Con cuidado y con estrategia,

    Nerea Liarte

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